EXHORTACIÓN
APOSTÓLICA POSTSINODAL
CHRISTUS VIVIT
DEL
SANTO PADRE FRANCISCO
La Juventud de la Iglesia
34. Ser
joven, más que una edad es un estado del corazón. De ahí que una institución
tan antigua como la Iglesia pueda renovarse y volver a ser joven en diversas
etapas de su larguísima historia. En realidad, en sus momentos más trágicos
siente el llamado a volver a lo esencial del primer amor. Recordando esta
verdad, el Concilio Vaticano II expresaba que «rica en un largo pasado, siempre
vivo en ella y marchando hacia la perfección humana en el tiempo y hacia los
objetivos últimos de la historia y de la vida, es la verdadera juventud del
mundo». En ella es posible siempre encontrar a Cristo «el compañero y amigo de
los jóvenes»[10].
Una Iglesia que se deja renovar
35. Pidamos al Señor que libere a la Iglesia de los que quieren
avejentarla, esclerotizarla en el pasado, detenerla, volverla inmóvil. También
pidamos que la libere de otra tentación: creer que es joven porque cede a todo
lo que el mundo le ofrece, creer que se renueva porque esconde su mensaje y se
mimetiza con los demás. No. Es joven cuando es ella misma, cuando recibe la
fuerza siempre nueva de la Palabra de Dios, de la Eucaristía, de la presencia
de Cristo y de la fuerza de su Espíritu cada día. Es joven cuando es capaz de
volver una y otra vez a su fuente.
36. Es cierto que los miembros de la Iglesia no tenemos que ser
“bichos raros”. Todos tienen que sentirnos hermanos y cercanos, como los
Apóstoles, que «gozaban de la simpatía de todo el pueblo» (Hch 2,47;
cf. 4,21.33; 5,13). Pero al mismo tiempo tenemos que atrevernos a ser
distintos, a mostrar otros sueños que este mundo no ofrece, a testimoniar la
belleza de la generosidad, del servicio, de la pureza, de la fortaleza, del
perdón, de la fidelidad a la propia vocación, de la oración, de la lucha por la
justicia y el bien común, del amor a los pobres, de la amistad social.
37. La Iglesia de Cristo siempre puede caer en la tentación de perder
el entusiasmo porque ya no escucha la llamada del Señor al riesgo de la fe, a
darlo todo sin medir los peligros, y vuelve a buscar falsas seguridades
mundanas. Son precisamente los jóvenes quienes pueden ayudarla a mantenerse
joven, a no caer en la corrupción, a no quedarse, a no enorgullecerse, a no
convertirse en secta, a ser más pobre y testimonial, a estar cerca de los
últimos y descartados, a luchar por la justicia, a dejarse interpelar con
humildad. Ellos pueden aportarle a la Iglesia la belleza de la juventud cuando
estimulan la capacidad «de alegrarse con lo que comienza, de darse sin
recompensa, de renovarse y de partir de nuevo para nuevas conquistas»[11].
38. Quienes ya no somos jóvenes, necesitamos ocasiones para tener
cerca la voz y el estímulo de ellos, y «la cercanía crea las condiciones para
que la Iglesia sea un espacio de diálogo y testimonio de fraternidad que
fascine»[12].
Nos hace falta crear más espacios donde resuene la voz de los jóvenes: «La
escucha hace posible un intercambio de dones, en un contexto de empatía […]. Al
mismo tiempo, pone las condiciones para un anuncio del Evangelio que llegue
verdaderamente al corazón, de modo incisivo y fecundo»[13].
Una Iglesia atenta a los signos de los tiempos
39. «Para muchos jóvenes Dios, la religión y la Iglesia son palabras
vacías, en cambio son sensibles a la figura de Jesús, cuando viene presentada
de modo atractivo y eficaz»[14].
Por eso es necesario que la Iglesia no esté demasiado pendiente de sí misma
sino que refleje sobre todo a Jesucristo. Esto implica que reconozca con
humildad que algunas cosas concretas deben cambiar, y para ello necesita
también recoger la visión y aun las críticas de los jóvenes.
40. En el Sínodo se reconoció «que un número consistente de jóvenes,
por razones muy distintas, no piden nada a la Iglesia porque no la consideran
significativa para su existencia. Algunos, incluso, piden expresamente que se
les deje en paz, ya que sienten su presencia como molesta y hasta irritante.
Esta petición con frecuencia no nace de un desprecio acrítico e impulsivo, sino
que hunde sus raíces en razones serias y comprensibles: los escándalos sexuales
y económicos; la falta de preparación de los ministros ordenados que no saben
captar adecuadamente la sensibilidad de los jóvenes; el poco cuidado en la
preparación de la homilía y en la explicación de la Palabra de Dios; el papel
pasivo asignado a los jóvenes dentro de la comunidad cristiana; la dificultad
de la Iglesia para dar razón de sus posiciones doctrinales y éticas a la
sociedad contemporánea»[15].
41. Si bien hay jóvenes que disfrutan cuando ven una Iglesia que se
manifiesta humildemente segura de sus dones y también capaz de ejercer una
crítica leal y fraterna, otros jóvenes reclaman una Iglesia que escuche más,
que no se la pase condenando al mundo. No quieren ver a una Iglesia callada y
tímida, pero tampoco que esté siempre en guerra por dos o tres temas que la
obsesionan. Para ser creíble ante los jóvenes, a veces necesita recuperar la
humildad y sencillamente escuchar, reconocer en lo que dicen los demás alguna
luz que la ayude a descubrir mejor el Evangelio. Una Iglesia a la defensiva,
que pierde la humildad, que deja de escuchar, que no permite que la cuestionen,
pierde la juventud y se convierte en un museo. ¿Cómo podrá acoger de esa manera
los sueños de los jóvenes? Aunque tenga la verdad del Evangelio, eso no
significa que la haya comprendido plenamente; más bien tiene que crecer siempre
en la comprensión de ese tesoro inagotable[16].
42. Por ejemplo, una Iglesia demasiado temerosa y estructurada puede
ser permanentemente crítica ante todos los discursos sobre la defensa de los
derechos de las mujeres, y señalar constantemente los riesgos y los posibles
errores de esos reclamos. En cambio, una Iglesia viva puede reaccionar
prestando atención a las legítimas reivindicaciones de las mujeres que piden
más justicia e igualdad. Puede recordar la historia y reconocer una larga trama
de autoritarismo por parte de los varones, de sometimiento, de diversas formas
de esclavitud, de abuso y de violencia machista. Con esta mirada será capaz de
hacer suyos estos reclamos de derechos, y dará su aporte con convicción para
una mayor reciprocidad entre varones y mujeres, aunque no esté de acuerdo con
todo lo que propongan algunos grupos feministas. En esta línea, el Sínodo quiso
renovar el compromiso de la Iglesia «contra toda clase de discriminación y
violencia sexual»[17].
Esa es la reacción de una Iglesia que se mantiene joven y que se deja
cuestionar e impulsar por la sensibilidad de los jóvenes.
EXHORTACIÓN
APOSTÓLICA POSTSINODAL
CHRISTUS VIVIT DEL
SANTO PADRE FRANCISCO
ACTIVIDAD:
1- Leer detenidamente
el texto y elaborar un resumen ilustrado.
2- Extraer
las palabras desconocidas y buscar su significado en el diccionario.
3- Extraer
una frase que te pareció importante y presentarla en una cartulina de color y
acompañarla de una imagen grande y a color.
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Hay salida
103. En este capítulo me detuve a mirar la realidad de los jóvenes en
el mundo actual. Algunos otros aspectos aparecerán en los siguientes capítulos.
Como ya dije, no pretendo ser exhaustivo con este análisis. Exhorto a las
comunidades a realizar con respeto y con seriedad un examen de su propia
realidad juvenil más cercana, para poder discernir los caminos pastorales más
adecuados. Pero no quiero terminar este capítulo sin dirigir algunas palabras a
cada uno.
104. Te recuerdo la buena noticia que nos regaló la mañana de la
Resurrección: que en todas las situaciones oscuras o dolorosas que mencionamos
hay salida. Por ejemplo, es verdad que el mundo digital puede ponerte ante el
riesgo del ensimismamiento, del aislamiento o del placer vacío. Pero no olvides
que hay jóvenes que también en estos ámbitos son creativos y a veces geniales.
Es lo que hacía el joven venerable Carlos Acutis.
105. Él sabía muy bien que esos mecanismos de la comunicación, de la
publicidad y de las redes sociales pueden ser utilizados para volvernos seres
adormecidos, dependientes del consumo y de las novedades que podemos comprar,
obsesionados por el tiempo libre, encerrados en la negatividad. Pero él fue
capaz de usar las nuevas técnicas de comunicación para transmitir el Evangelio,
para comunicar valores y belleza.
106. No cayó en la trampa. Veía que muchos jóvenes, aunque
parecen distintos, en realidad terminan siendo más de lo mismo, corriendo
detrás de lo que les imponen los poderosos a través de los mecanismos de
consumo y atontamiento. De ese modo, no dejan brotar los dones que el Señor les
ha dado, no le ofrecen a este mundo esas capacidades tan personales y únicas
que Dios ha sembrado en cada uno. Así, decía Carlos, ocurre que “todos nacen
como originales, pero muchos mueren como fotocopias”. No permitas que eso te
ocurra.
107. No dejes que te roben la esperanza y la alegría, que te
narcoticen para utilizarte como esclavo de sus intereses. Atrévete a ser más,
porque tu ser importa más que cualquier cosa. No te sirve tener o aparecer. Puedes
llegar a ser lo que Dios, tu Creador, sabe que eres, si reconoces que estás
llamado a mucho. Invoca al Espíritu Santo y camina con confianza hacia la gran
meta: la santidad. Así no serás una fotocopia. Serás plenamente tú mismo.
108. Para eso necesitas reconocer algo fundamental: ser joven no es
sólo la búsqueda de placeres pasajeros y de éxitos superficiales. Para que la
juventud cumpla la finalidad que tiene en el recorrido de tu vida, debe ser un
tiempo de entrega generosa, de ofrenda sincera, de sacrificios que duelen pero
que nos vuelven fecundos. Es como decía un gran poeta:
«Si para recobrar lo
recobrado
debí perder primero lo perdido,
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado,
debí perder primero lo perdido,
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado,
Si para estar ahora
enamorado
fue menester haber estado herido,
tengo por bien sufrido lo sufrido,
tengo por bien llorado lo llorado.
fue menester haber estado herido,
tengo por bien sufrido lo sufrido,
tengo por bien llorado lo llorado.
Porque después de todo he
comprobado
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido.
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido.
Porque después de todo he
comprendido
que lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado»[61].
que lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado»[61].
109. Si eres joven en edad, pero te sientes débil, cansado o
desilusionado, pídele a Jesús que te renueve. Con Él no falta la esperanza. Lo
mismo puedes hacer si te sientes sumergido en los vicios, las malas costumbres,
el egoísmo o la comodidad enfermiza. Jesús, lleno de vida, quiere ayudarte para
que ser joven valga la pena. Así no privarás al mundo de ese aporte que sólo tú
puedes hacerle, siendo único e irrepetible como eres.
110. Pero quiero recordarte también que «es muy difícil luchar contra
la propia concupiscencia y contra las asechanzas y tentaciones del demonio y
del mundo egoísta si estamos aislados. Es tal el bombardeo que nos seduce que,
si estamos demasiado solos, fácilmente perdemos el sentido de la realidad, la
claridad interior, y sucumbimos»[62].
Esto vale especialmente para los jóvenes, porque ustedes unidos tienen una
fuerza admirable. Cuando se entusiasman por una vida comunitaria, son capaces
de grandes sacrificios por los demás y por la comunidad. En cambio, el
aislamiento los debilita y los expone a los peores males de nuestro tiempo.
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SANTO PADRE FRANCISCO
ACTIVIDAD:
1- Leer detenidamente
el texto y elaborar un resumen ilustrado.
2- Extraer
las palabras desconocidas y buscar su significado en el diccionario.
3- Extraer
una frase que te pareció importante y presentarla en una cartulina de color y
acompañarla de una imagen grande y a color.
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En
amistad con Cristo
150. Por más que vivas y experimentes no llegarás al fondo de la
juventud, no conocerás la verdadera plenitud de ser joven, si no encuentras
cada día al gran amigo, si no vives en amistad con Jesús.
151. La amistad es un regalo de la vida y un don de Dios. A través de
los amigos el Señor nos va puliendo y nos va madurando. Al mismo tiempo, los
amigos fieles, que están a nuestro lado en los momentos duros, son un reflejo
del cariño del Señor, de su consuelo y de su presencia amable. Tener amigos nos
enseña a abrirnos, a comprender, a cuidar a otros, a salir de nuestra comodidad
y del aislamiento, a compartir la vida. Por eso «un amigo fiel no tiene precio»
(Si 6,15).
152. La amistad no es una relación fugaz o pasajera, sino estable,
firme, fiel, que madura con el paso del tiempo. Es una relación de afecto que nos
hace sentir unidos, y al mismo tiempo es un amor generoso, que nos lleva a
buscar el bien del amigo. Aunque los amigos pueden ser muy diferentes entre sí,
siempre hay algunas cosas en común que los llevan a sentirse cercanos, y hay
una intimidad que se comparte con sinceridad y confianza.
153. Es tan importante la amistad que Jesús mismo se presenta como
amigo: «Ya no los llamo siervos, los llamo amigos» (Jn15,15). Por la
gracia que Él nos regala, somos elevados de tal manera que somos realmente
amigos suyos. Con el mismo amor que Él derrama en nosotros podemos amarlo,
llevando su amor a los demás, con la esperanza de que también ellos encontrarán
su puesto en la comunidad de amistad fundada por Jesucristo[80].
Y si bien Él ya está plenamente feliz resucitado, es posible ser generosos con
Él, ayudándole a construir su Reino en este mundo, siendo sus instrumentos para
llevar su mensaje y su luz y, sobre todo, su amor a los demás (cf. Jn 15,16).
Los discípulos escucharon el llamado de Jesús a la amistad con Él. Fue una
invitación que no los forzó, sino que se propuso delicadamente a su libertad: «Vengan
y vean» les dijo, y «ellos fueron, vieron donde vivía y se quedaron con Él
aquel día» (Jn 1,39). Después de ese encuentro, íntimo e
inesperado, dejaron todo y se fueron con Él.
154. La amistad con Jesús es inquebrantable. Él nunca se va, aunque a
veces parece que hace silencio. Cuando lo necesitamos se deja encontrar por
nosotros (cf. Jr 29,14) y está a nuestro lado por donde
vayamos (cf. Jos 1,9). Porque Él jamás rompe una alianza. A
nosotros nos pide que no lo abandonemos: «Permanezcan unidos a mí» (Jn 15,4).
Pero si nos alejamos, «Él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo» (2
Tm 2,13).
155. Con el amigo hablamos, compartimos las cosas más secretas. Con
Jesús también conversamos. La oración es un desafío y una aventura. ¡Y qué
aventura! Permite que lo conozcamos cada vez mejor, entremos en su espesura y
crezcamos en una unión siempre más fuerte. La oración nos permite contarle todo
lo que nos pasa y quedarnos confiados en sus brazos, y al mismo tiempo nos
regala instantes de preciosa intimidad y afecto, donde Jesús derrama en
nosotros su propia vida. Rezando «le abrimos la jugada» a Él, le damos lugar
«para que Él pueda actuar y pueda entrar y pueda vencer»[81].
156. Así es posible llegar a experimentar una unidad constante
con Él, que supera todo lo que podamos vivir con otras personas: «Ya no vivo
yo, es Cristo quien vive en mí» (Ga 2,20). No prives a tu juventud
de esta amistad. Podrás sentirlo a tu lado no sólo cuando ores. Reconocerás que
camina contigo en todo momento. Intenta descubrirlo y vivirás la bella
experiencia de saberte siempre acompañado. Es lo que vivieron los discípulos de
Emaús cuando, mientras caminaban y conversaban desorientados, Jesús se hizo
presente y «caminaba con ellos» (Lc 24,15). Un santo decía que «el
cristianismo no es un conjunto de verdades que hay que creer, de leyes que hay
que cumplir, de prohibiciones. Así resulta muy repugnante. El cristianismo es
una Persona que me amó tanto que reclama mi amor. El cristianismo es Cristo»[82].
157. Jesús puede unir a todos los jóvenes de la Iglesia en un único
sueño, «un sueño grande y un sueño capaz de cobijar a todos. Ese sueño por el
que Jesús dio la vida en la cruz y el Espíritu Santo se desparramó y tatuó a
fuego el día de Pentecostés en el corazón de cada hombre y cada mujer, en el
corazón de cada uno […]. Lo tatuó a la espera de que encuentre espacio para
crecer y para desarrollarse. Un sueño, un sueño llamado Jesús sembrado por el
Padre, Dios como Él –como el Padre–, enviado por el Padre con la confianza que
crecerá y vivirá en cada corazón. Un sueño concreto, que es una persona, que
corre por nuestras venas, estremece el corazón y lo hace bailar»[83].
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CHRISTUS VIVIT DEL
SANTO PADRE FRANCISCO
ACTIVIDAD:
1- Leer detenidamente
el texto y elaborar un resumen ilustrado.
2- Extraer
las palabras desconocidas y buscar su significado en el diccionario.
3- Extraer
una frase que te pareció importante y presentarla en una cartulina de color y
acompañarla de una imagen grande y a color.
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Siempre misioneros
239. Quiero recordar que no hace falta recorrer un largo camino para
que los jóvenes sean misioneros. Aun los más débiles, limitados y heridos
pueden serlo a su manera, porque siempre hay que permitir que el bien se
comunique, aunque conviva con muchas fragilidades. Un joven que va a una
peregrinación a pedirle ayuda a la Virgen, e invita a un amigo o compañero para
que lo acompañe, con ese simple gesto está realizando una valiosa acción
misionera. Junto con la pastoral popular juvenil hay, inseparablemente, una
misión popular, incontrolable, que rompe todos los esquemas eclesiásticos.
Acompañémosla, alentémosla, pero no pretendamos regularla demasiado.
240. Si sabemos escuchar lo que nos está diciendo el Espíritu, no
podemos ignorar que la pastoral juvenil debe ser siempre una pastoral
misionera. Los jóvenes se enriquecen mucho cuando vencen la timidez y se
atreven a visitar hogares, y de ese modo toman contacto con la vida de la gente,
aprenden a mirar más allá de su familia y de su grupo, comienzan a entender la
vida de una manera más amplia. Al mismo tiempo, su fe y su sentido de
pertenencia a la Iglesia se fortalecen. Las misiones juveniles, que suelen
organizarse en las vacaciones luego de un período de preparación, pueden
provocar una renovación de la experiencia de fe e incluso serios planteos
vocacionales.
241. Pero los jóvenes son capaces de crear nuevas formas de misión,
en los ámbitos más diversos. Por ejemplo, ya que se mueven tan bien en las
redes sociales, hay que convocarlos para que las llenen de Dios, de
fraternidad, de compromiso.
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1- Leer detenidamente
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2- Extraer
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3- Extraer
una frase que te pareció importante y presentarla en una cartulina de color y
acompañarla de una imagen grande y a color.
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Misioneros valientes
175. Enamorados de Cristo, los jóvenes están llamados a dar
testimonio del Evangelio en todas partes, con su propia vida. San Alberto
Hurtado decía que «ser apóstoles no significa llevar una insignia en el ojal de
la chaqueta; no significa hablar de la verdad, sino vivirla, encarnarse en
ella, transformarse en Cristo. Ser apóstol no es llevar una antorcha en la
mano, poseer la luz, sino ser la luz [...]. El Evangelio [...] más que una
lección es un ejemplo. El mensaje convertido en vida viviente»[93].
176. El valor del testimonio no significa que se deba callar la
palabra. ¿Por qué no hablar de Jesús, por qué no contarles a los demás que Él
nos da fuerzas para vivir, que es bueno conversar con Él, que nos hace bien meditar
sus palabras? Jóvenes, no dejen que el mundo los arrastre a compartir sólo las
cosas malas o superficiales. Ustedes sean capaces de ir contracorriente y sepan
compartir a Jesús, comuniquen la fe que Él les regaló. Ojalá puedan sentir en
el corazón el mismo impulso irresistible que movía a san Pablo cuando decía:
«¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1 Co 9,16).
177. «¿Adónde nos envía Jesús? No hay fronteras, no hay límites: nos
envía a todos. El Evangelio no es para algunos sino para todos. No es sólo para
los que nos parecen más cercanos, más receptivos, más acogedores. Es para
todos. No tengan miedo de ir y llevar a Cristo a cualquier ambiente, hasta las
periferias existenciales, también a quien parece más lejano, más indiferente.
El Señor busca a todos, quiere que todos sientan el calor de su misericordia y
de su amor»[94].
Y nos invita a ir sin miedo con el anuncio misionero, allí donde nos
encontremos y con quien estemos, en el barrio, en el estudio, en el deporte, en
las salidas con los amigos, en el voluntariado o en el trabajo, siempre es
bueno y oportuno compartir la alegría del Evangelio. Así es como el Señor se va
acercando a todos. Y a ustedes, jóvenes, los quiere como sus instrumentos para
derramar luz y esperanza, porque quiere contar con vuestra valentía, frescura y
entusiasmo.
178. No cabe esperar que la misión sea fácil y cómoda. Algunos
jóvenes dieron su vida con tal de no frenar su impulso misionero. Los Obispos
de Corea expresaron: «Esperamos que podamos ser granos de trigo e instrumentos
para la salvación de la humanidad, siguiendo el ejemplo de los mártires. Aunque
nuestra fe es tan pequeña como una semilla de mostaza, Dios le dará crecimiento
y la utilizará como un instrumento para su obra de salvación»[95].
Amigos, no esperen a mañana para colaborar en la transformación del mundo con
su energía, su audacia y su creatividad. La vida de ustedes no es un “mientras
tanto”. Ustedes son el ahora de Dios, que los quiere fecundos[96].
Porque «es dando como se recibe»[97],
y la mejor manera de preparar un buen futuro es vivir bien el presente con
entrega y generosidad.
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SANTO PADRE FRANCISCO
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1- Leer detenidamente
el texto y elaborar un resumen ilustrado.
2- Extraer
las palabras desconocidas y buscar su significado en el diccionario.
3- Extraer
una frase que te pareció importante y presentarla en una cartulina de color y
acompañarla de una imagen grande y a color.



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