Palabras del Papa Francisco sobre la vida

 

Palabras del Papa Francisco sobre la vida







En sus nueve años de Pontificado, Francisco ha pronunciado palabras muy claras sobre la defensa de la vida por nacer que, según él, está ligada a la defensa de cualquier derecho humano. La vida, observa, debe defenderse siempre: la de los no nacidos, así como la de los ancianos y los enfermos o la de quienes corren el riesgo de morir de hambre o en el trabajo o en los barcos de emigrantes.
La Iglesa defiende la vida, especialmente la de los que no tienen voz. En la Iglesia -recuerda el Papa en la "Evangelii gaudium"- hay un signo que nunca debe faltar: "la opción por los últimos, por aquellos que la sociedad descarta y desecha" (EG 195). Es la atención preferente a los más débiles.

Del lado de los más débiles y de los derechos humanos

"Entre estos más débiles, de los que la Iglesia quiere ocuparse con predilección -subraya Francisco-, están también los niños no nacidos, que son los más indefensos e inocentes de todos, a los que hoy se quiere negar su dignidad humana para poder hacer con ellos lo que se quiera, quitándoles la vida y promoviendo una legislación para que nadie pueda impedirlo". Con frecuencia, para ridiculizar alegremente la defensa de la vida de los no nacidos por parte de la Iglesia, se hace presentar su posición como algo ideológico, oscurantista y conservador. Sin embargo, esta defensa de la vida por nacer está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano. Supone la convicción de que el ser humano es siempre sagrado e inviolable, en cualquier situación y en cualquier etapa de su desarrollo. Es un fin en sí mismo y nunca un medio para resolver otras dificultades. Si esta convicción cae, no queda ningún fundamento sólido y permanente para la defensa de los derechos humanos, que estarían siempre sujetos a las conveniencias contingentes de los poderosos" (EG 213).

No es progresista eliminar una vida humana

El Papa Francisco tiene palabras claras: "No se debe esperar que la Iglesia cambie su posición en este tema. Quiero ser completamente honesto al respecto. No es un tema que esté sujeto a supuestas reformas o "modernización". No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana. Pero también es cierto que hemos hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones muy difíciles, en las que el aborto se les presenta como una solución rápida a sus profundas angustias, especialmente cuando la vida que crece en ellas ha surgido como consecuencia de la violencia o en un contexto de extrema pobreza. ¿Quién puede dejar de entender situaciones tan dolorosas?" (EG 214). El Papa tiene palabras muy fuertes: el aborto "es un crimen". Es eliminar uno para salvar otro. Es lo que hace la mafia" (Conferencia de prensa durante el vuelo de regreso de México, 17 de febrero de 2016). "Es como contratar a un sicario para resolver un problema" (Audiencia General,10 de octubre de 2018).

El aborto, un problema humano y no religioso

El Papa ha dicho muchas veces que el problema del aborto "no es un problema religioso: no estamos en contra del aborto por la religión. No. Es un problema humano" (Conferencia de prensa durante el vuelo de regreso de Dublín, 26 de agosto de 2018). Explica: "El aborto es un asesinato. Aborto... sin medias tintas: quien aborta, mata. Coge cualquier libro de embriología, de los que se estudian en las facultades de medicina. La tercera semana después de la concepción, muchas veces antes de que la madre se dé cuenta, ya están todos los órganos, todos, incluso el ADN. ¿No es eso una persona? Es una vida humana, y punto. Y esta vida humana debe ser respetada (...) Científicamente es una vida humana. Los libros nos enseñan. Pregunto: ¿es correcto suprimirlo, para resolver un problema? Por eso la Iglesia es tan dura en este tema, porque si acepta esto, es como si aceptara el asesinato diario" (Conferencia de prensa durante el vuelo de regreso de Bratislava, 15 de septiembre de 2021).

Los pequeños lanzados por los espartanos

"De niño, en la escuela", recuerda el Papa, "nos enseñaban la historia de los espartanos. Siempre me llamó la atención lo que nos contaba la maestra, que cuando nacía un niño o niña con malformaciones, lo llevaban a la cima de la montaña y lo tiraban para abajo, para que no hubiera estos pequeños. Los niños decíamos: "¡Qué crueldad!". Hermanos y hermanas, hacemos lo mismo, con más crueldad, con más ciencia. Lo que no se necesita, lo que no produce, debe desecharse. Esta es la cultura del descarte, hoy no se quiere a los pequeños" (Homilía en San Giovanni Rotondo, 17 de marzo de 2018).

Defendiendo cada vida, siempre

Francisco recuerda que estar del lado de la vida no significa cuidarla sólo al principio o al final, sino que significa defenderla siempre: "El grado de progreso de una civilización se mide precisamente por su capacidad de preservar la vida, especialmente en sus fases más frágiles, más que por la difusión de instrumentos tecnológicos. Cuando hablamos del hombre, no olvidemos nunca todos los ataques a la sacralidad de la vida humana. Abortar es un atentado contra la vida. Es un atentado contra la vida dejar que nuestros hermanos y hermanas mueran en las barcazas del canal de Sicilia. Es un atentado contra la vida cuando las personas mueren en el trabajo porque no se respetan las condiciones mínimas de seguridad. Morir de desnutrición es un atentado contra la vida. Un ataque a la vida es el terrorismo, la guerra, la violencia; pero también la eutanasia. Amar la vida es siempre cuidar a los demás, querer su bien, cultivar y respetar su dignidad trascendente" (Discurso a los participantes en el encuentro promovido por la Asociación Ciencia y Vida, 30 de mayo de 2015).

La misericordia es para todos

El Papa subraya el drama que viven las mujeres y a quienes le acusan de no tener misericordia les responde lo siguiente: "El mensaje de la misericordia es para todos, también para la persona humana que está en gestación. Es para todos. Después de este fracaso, también hay misericordia, pero una misericordia difícil, porque el problema no está en dar el perdón, el problema está en acompañar a una mujer que ha tomado conciencia de que ha abortado. Estos son dramas terribles. Una vez oí a un médico hablar de una teoría según la cual -no recuerdo bien...- una célula del feto recién concebido va a la médula de la madre y allí hay una memoria física. Esto es una teoría, pero decir: cuando una mujer piensa en lo que ha hecho... te digo la verdad: hay que estar en el confesionario, y allí hay que dar consuelo, no castigar nada. Por eso he abierto la facultad de absolver [del pecado de] aborto por misericordia, porque muchas veces -pero siempre- deben encontrarse con el niño. Y les aconsejo, muchas veces, cuando lloran y tienen esa angustia: "Tu hijo está en el cielo, háblale, cántale la nana que no le cantaste, que no pudiste cantarle". Y ahí está una vía de reconciliación de la madre con su hijo. Con Dios ya lo hay: es el perdón de Dios. Dios siempre perdona. Pero la misericordia también es para ella [la mujer] para procesar esto. El drama del aborto. Para entenderlo bien, hay que estar en un confesionario. Es terrible' (Conferencia de prensa durante el vuelo de regreso de Panamá, 28 de enero de 2019)

Tomado: https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2022-06/aborto-papa-francisco-sobre-la-defensa-de-la-vida.html


Defensa de la vida: un deber de cada ser humano

 Defensa de la vida: un deber de cada ser humano

Todos debemos ser concientes que lo que necesita nuestra patria no es sólo el bienestar material sino el engrandecer el espíritu y eso se logra con una política de protección de la vida y la familia

Por: Juan Luis Cardenal Cipriani Thorne | Fuente: Arzobispado de Lima

El progreso integral de una sociedad libre y justa requiere que la persona se desarrolle en un ambiente donde reine la verdad: verdad sobre las cosas y verdad sobre sí mismo. Vivimos en una época floreciente para nuestra patria, el progreso material hace que cada vez más peruanos tengan un poder adquisitivo superior al de sus padres. Sin embargo, muchos piensan que la sociedad libre y justa que anhelamos está lejos de conseguirse pues constatamos que a medida que crece el bienestar material, el bienestar espiritual decae. El ataque a la familia y al matrimonio crece, justo a estas dos instituciones que son fundamentos de la vida social; “siempre que se compromete la verdad acerca de la familia, - y la vida - se sigue el declive moral y tiene lugar una inevitable decadencia cultural” .

Esta situación, nos debe llamar no sólo a la reflexión sino también a la acción. El cristiano nunca es indiferente ante lo que pase en la sociedad; como nos recuerda un autor del s. II a.C. “los cristianos no se distinguen de los demás hombres, ni por el lugar en que viven, ni por su lenguaje, ni por sus costumbres. Ellos, en efecto, no tienen ciudades propias, ni utilizan un hablar insólito, ni llevan un género de vida distinto… los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo” . Los cristianos estamos llamados a vivificar el mundo y esa es una tarea insoslayable.

Uno de los aspectos de esta tarea es la defensa y promoción de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural. La vida humana posee un carácter sagrado e intangible por ello es un deber de todo hombre de buena voluntad el defender la vida, en especial la del niño por nacer; para todos es un compromiso que concierne no sólo a la moral privada sino que también es una cuestión social y política. “todo ataque contra esta vida debería encontrar una firme y clara oposición por parte de los creyentes, hijos e hijas de la Iglesia… Consideremos la defensa de la vida humana como lo esencial de nuestra misión” .

Ante las próximas elecciones, todos debemos ser concientes que lo que necesita nuestra patria no es sólo el bienestar material sino el engrandecer el espíritu y eso se logra con una política de protección de la vida y la familia; por eso tenemos que “estar alertas ante las propuestas que atentan contra la ley natural, el respeto a la dignidad humana, la verdad y la práctica de la justicia. Ir contra esos principios es desconocer la realidad natural. Intentar cambiarlos traerá graves consecuencias para la sociedad, y los perjudicados siempre serán los más débiles. Por ello, el respeto y la defensa de la vida desde el primer instante de su concepción hasta su muerte natural es irrenunciable a todo planteamiento. No se pueden aceptar bajo ningún argumento el aborto, la eutanasia o la manipulación genética”.


Con mis bendiciones

+ Juan Luis Cardenal Cipriani Thorne
Arzobispo de Lima y Primado del Perú

ACTIVIDAD: Debate «Cultura de vida vs. Cultura de muerte»

Objetivo: Comprender y argumentar sobre los valores que impulsan la defensa de la vida.

Procedimiento:

Investigar la cultura de la muerte y la cultura de la vida.

Dividir clases en dos grupos: cada uno defiende uno de los modelos.

Realizar un debate moderado y luego reflexionar en conjunto.

Preguntas guía: ¿Qué significa valorar la vida humana? ¿Cómo afecta a la sociedad aceptar o rechazar estas culturas?

La Semana Santa

La Semana Santa

Es la semana más intensa del Año Litúrgico, en la cual se reza y reflexiona sobre la Pasión y Muerte de Cristo.

Por: Tere Vallés | Fuente: Catholic.net

Explicación de la celebración
La Semana Santa es el momento litúrgico más intenso de todo el año. Sin embargo, para muchos católicos se ha convertido sólo en una ocasión de descanso y diversión. Se olvidan de lo esencial: esta semana la debemos dedicar a la oración y la reflexión en los misterios de la Pasión y Muerte de Jesús para aprovechar todas las gracias que esto nos trae.

Para vivir la Semana Santa, debemos darle a Dios el primer lugar y participar en toda la riqueza de las celebraciones propias de este tiempo litúrgico.

A la Semana Santa se le llamaba en un principio “La Gran Semana”. Ahora se le llama Semana Santa o Semana Mayor y a sus días se les dice días santos. Esta semana comienza con el Domingo de Ramos y termina con el Domingo de Pascua.

Vivir la Semana Santa es acompañar a Jesús con nuestra oración, sacrificios y el arrepentimiento de nuestros pecados. Asistir al Sacramento de la Penitencia en estos días para morir al pecado y resucitar con Cristo el día de Pascua.

Lo importante de este tiempo no es el recordar con tristeza lo que Cristo padeció, sino entender por qué murió y resucitó. Es celebrar y revivir su entrega a la muerte por amor a nosotros y el poder de su Resurrección, que es primicia de la nuestra.

La Semana Santa fue la última semana de Cristo en la tierra. Su Resurrección nos recuerda que los hombres fuimos creados para vivir eternamente junto a Dios.

Domingo de Ramos:
Celebramos la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén en la que todo el pueblo lo alaba como rey con cantos y palmas. Por esto, nosotros llevamos nuestras palmas a la Iglesia para que las bendigan ese día y participamos en la misa.

Jueves Santo:
Este día recordamos la Última Cena de Jesús con sus apóstoles en la que les lavó los pies dándonos un ejemplo de servicialidad. En la Última Cena, Jesús se quedó con nosotros en el pan y en el vino, nos dejó su cuerpo y su sangre. Es el jueves santo cuando instituyó la Eucaristía y el Sacerdocio. Al terminar la última cena, Jesús se fue a orar, al Huerto de los Olivos. Ahí pasó toda la noche y después de mucho tiempo de oración, llegaron a aprehenderlo.

Viernes Santo:
Ese día recordamos la Pasión de Nuestro Señor: Su prisión, los interrogatorios de Herodes y Pilato; la flagelación, la coronación de espinas y la crucifixión. Lo conmemoramos con un Vía Crucis solemne y con la ceremonia de la Adoración de la Cruz.

Sábado Santo o Sábado de Gloria:

Se recuerda el día que pasó entre la muerte y la Resurrección de Jesús. Es un día de luto y tristeza pues no tenemos a Jesús entre nosotros. Las imágenes se cubren y los sagrarios están abiertos. Por la noche se lleva a cabo una vigilia pascual para celebrar la Resurrección de Jesús. Vigilia quiere decir “ la tarde y noche anteriores a una fiesta.”. En esta celebración se acostumbra bendecir el agua y encender las velas en señal de la Resurrección de Cristo, la gran fiesta de los católicos.

Domingo de Resurrección o Domingo de Pascua:
Es el día más importante y más alegre para todos nosotros, los católicos, ya que Jesús venció a la muerte y nos dio la vida. Esto quiere decir que Cristo nos da la oportunidad de salvarnos, de entrar al Cielo y vivir siempre felices en compañía de Dios. Pascua es el paso de la muerte a la vida.

¿Por qué la Semana Santa cambia de fecha cada año?
El pueblo judío celebraba la fiesta de pascua en recuerdo de la liberación de la esclavitud de Egipto, el día de la primera luna llena de primavera. Esta fecha la fijaban en base al año lunar y no al año solar de nuestro calendario moderno. Es por esta razón que cada año la Semana Santa cambia de día, pues se le hace coincidir con la luna llena.
En la fiesta de la Pascua, los judíos se reunían a comer cordero asado y ensaladas de hierbas amargas, recitar bendiciones y cantar salmos. Brindaban por la liberación de la esclavitud.
Jesús es el nuevo cordero pascual que nos trae la nueva liberación, del pecado y de la muerte.

Sugerencias para vivir la Semana Santa

  • *Asistir en familia o a los oficios y ceremonias propios de la Semana Santa porque la vivencia cristiana de estos misterios debe ser comunitaria.
  • *Se puede organizar una pequeña representación acerca de la Semana Santa.
  • *Poner algún propósito concreto a seguir para cada uno de los días de la Semana Santa.
  • *Elaborar unos cartelones en los que se escriba acerca de los días de la Semana Santa y algunas ideas importantes acerca de cada uno de los días.

La solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María

 Asunción de la Virgen María 

La solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María fue fijada en el 15 de agosto ya en el siglo V, con el sentido de "Nacimiento al Cielo" o, en la tradición bizantina, "Dormición" de Nuestra Señora. En Roma, la fiesta se celebra desde mediados del siglo VII, pero hubo que esperar hasta el 1 de noviembre de 1950, con Pío XII, para que se proclamara el dogma dedicado a María asunta al cielo en cuerpo y alma. En el Credo Apostólico profesamos nuestra fe en la "Resurrección de la carne" y en la "vida eterna", fin y sentido último del camino de la vida. Esta promesa de fe se cumple ya en María, como "signo de consuelo y esperanza segura" (Prefacio). Este privilegio de María está estrechamente ligado al hecho de ser la Madre de Jesús: dado que la muerte y la corrupción del cuerpo humano son una consecuencia del pecado, no era conveniente que la Virgen María -libre de pecado- se viera afectada por ellos. De ahí el misterio de la "Dormición" o "Asunción al Cielo". El hecho de que María esté ya en el cielo en cuerpo y alma es para nosotros un motivo de alegría, de felicidad, de esperanza. Una criatura de Dios -María- ya está en el cielo: con ella y como ella estaremos también nosotros, criaturas de Dios, un día. El destino de María, unida al cuerpo transfigurado y glorioso de Jesús, será el destino de todos los que están unidos al Señor Jesús en la fe y en el amor. Es interesante constatar que la liturgia -a través de los textos bíblicos tomados del libro del Apocalipsis y de Lucas, con el canto del Magnificat- nos lleva a orar más que a reflexionar. El Evangelio, en efecto, nos sugiere que leamos el misterio de María a la luz del Magnificat: el amor gratuito que se extiende de generación en generación y la predilección por los últimos y los pobres encuentran en María su mejor fruto, su obra maestra, un espejo en el que todo el pueblo de Dios puede mirar sus propios rasgos. La solemnidad de la Asunción al Cielo de la Santísima Virgen María en cuerpo y alma es el signo elocuente de que no sólo el alma sino también el cuerpo son "cosa muy hermosa" (Gn 1,31), hasta el punto de que, como en la Virgen María, nuestra carne será asumida en el cielo. Esto no nos exime de comprometernos con la historia; al contrario, es precisamente la mirada hacia la meta, hacia el cielo, nuestra patria, la que nos impulsa a comprometernos en nuestra vida presente siguiendo la línea del Magnificat: alegres por la misericordia de Dios y atentos a todos los hermanos que encontramos en el camino, empezando por los más débiles y frágiles.


El dogma definido por Pío XII

"Después de elevar a Dios repetidas súplicas y de haber invocado la luz del Espíritu de Verdad, para la gloria de Dios Todopoderoso que otorgó a la Virgen María Su especial benevolencia en honor de Su Hijo, Rey Inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte, para mayor gloria de su augusta madre y para alegría y regocijo de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los santos apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos como dogma revelado por Dios que: la inmaculada Madre de Dios, la siempre virgen María, habiendo completado el curso de la vida terrena, fue asumida en cuerpo y alma a la gloria celestial” (Pío XII, Munificentissimus Deus, 1 de noviembre de 1950).

Fuente: https://www.vaticannews.va/es/fiestas-liturgicas.html


Cuidar la salud es un deber cristiano

Cuidar la salud es un deber Cristiano Felipe Aquino   | Feb 20, 2014 No se puede despreciar la vida corporal; al contrario, debemo...